Corto: violencia de genero

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de albagarrod

Cuadros

 

Omar Ortiz

 

Nace en Guadalajara, Jalisco, México en 1977, donde aun reside. Despierta un gran interes por el dibujo y la ilustracion desdetemprana edad. Cursa la Licenciatura en Diseño para la Comunicacion Gráfica, donde aprende a trabajar con diferentes técnicas como el dibujo, pastel, carboncillo, acuarela, acrilico, y la aerografia. Al terminar sus estudios de Diseño Gráfico decide dedicarse al mundo de la pintura. En el año 2002 Cursa sus primeras clases de Oléo con la Pintora Carmen Alarcon a la cual considera su principal maestra de Artes Plásticas. Actualmente Pinta al Oléo por considerarla la técnica mas noble.

 

Un Hiperrealismo – Minimalista donde predominan los blancos, la figura humana y un juego magico de telas, caracterizan su obra.

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de albagarrod

Certamen literario: “DULCE AROMA´´

En un pequeño pueblo solitario y poco concurrido habitaba una vieja que parecía eterna y a la que todos conocían, se llamaba Faustina. La vieja como la llamaban los habitantes del pueblo salía siempre de su casa a las doce de la noche cuando ya no había nadie por las calles, a excepción de un par de borrachos bebiendo en la ventana de un bar cercano a su casa. Salía sigilosamente de su casa abriendo la enorme puerta de madera carcomida y siempre acompañada de un pequeño carro destartalado que parecía tener cientos de años. La vieja se alejaba hasta cruzar la esquina para dirigirse a los contenedores de los que sacaba objetos o comida que la gente tiraba, pero a ella le parecían interesantes, supongo, aunque nadie ha visto nunca lo que la vieja extraída de ellos.
La vieja vivía en aquella casa amarilla y antigua que producía escalofríos solo con pasar por delante, con ella, Macario su hijo drogadicto y alcohólico que pasaba los días de bar en bar y paraba poco por la casa, Jordan el hijo mayor que era mudo, y salía por la mañana en su moto a dios sabe donde volviendo a las tantas de la noche, y su marido, Wikelman, que tenia por costumbre salir a la plaza del pueblo a realizar objetos con esparto. También tenía otro hijo, pero este se fue un día de la casa sin saber porque, y nunca ha vuelto.
Aquella familia era muy extraña y nadie, nunca, había entrado en esa casa, nadie sabia los secretos que guardaba la vieja en ella, ni donde metía todo lo que cogía de la basura, ni si tendría espacio para todos los artilugios que fabricaba el marido con esparto. Tampoco entendía esa extraña adicción de Wikelman por comprar apio todos los viernes.
Una niña de unos 13 años rubia, curiosa e intrigada por los secretos de aquella familia, intento acercarse a esta, e investigar sobre los enigmas que todo el pueblo tenia. Pero no lo consiguió ya que con los hijos no pudo tener contacto y la vieja no soltaba prenda. La niña observaba todos los días desde su ventana a la extraña familia como si de un crimen sin resolver se tratara.
Un día el hombre dejo de salir con su esparto a la plaza y la niña se quedo muy extrañada, así pues, decidió salir a hablar con la vieja y preguntarle por su marido. Aunque sabia de ante mano que no le iba a responder, la niña salio a las doce a esperar a la vieja durante un buen rato pero no salía, la niña siguió esperando hasta que escucho un golpe dentro de la casa y decidió entrar pensando que a la vieja le habría ocurrido algo, y sin sus hijos en casa podría necesitar ayuda.
Al adentrarse en la casa todo parecía normal, pero conforme se adentraba en ella todo se complicaba, alargados y estrechos pasillos hacían imposible la vista de la siguiente habitación. Llegó al final de un pasillo hasta una inmensa habitación en la cual no se podían apreciar las paredes, todas estaban cubiertas por los objetos de esparto de Wikelman, amontonados unos encima de otros. La niña continuó su camino por la casa y se encontró con unas escaleras subterráneas que daban a un sótano mal oliente. Justo al bajar, había una caja con muchísimas fotos del hombre con chicas rubias en una oscura habitación, bajo esas fotos sueltas hallo un libro con mas fotos de procesos en los cuales el viejo arrancaba el cabello de las jóvenes rubias para coser sus artilugios de esparto.
La niña se quedo impactada e intento ocultar su miedo y seguir adelante porque la curiosidad que le invadía era mayor que el terror que estaba sintiendo, asíque continuó por aquel oscuro sótano y llegó a una habitación donde habían toneladas de objetos mal olientes y comida putrefacta, acumulada por la vieja durante toda su vida. La niña imagino que la vieja tras descubrir a su marido realizando esas fechorías a las pobres jóvenes tuvo que entretenerse en algo y acabó recogiendo toda la basura que se encontraba, o que simplemente tenía que llenar su vida con alguna actividad. Quizás por eso el marido se fue de la casa. Continuó por el sótano y llegó a la última habitación cerrada con candado pero casualmente la llave estaba colgada al lado de la puerta. La niña la cogió y sigilosamente abrió el candando, un escalofrío le recorrió la espalda pero con valentía abrió la puerta descubriendo tras ella a Wikelman, atado y amordazado en una silla metálica en medio de la habitación.
La niña presa del pánico no supo que hacer y se quedo paralizada. Pasaron por su mente todas las fotos de las chicas que descubrió minutos antes cayendo en la cuenta de que ella era rubia también, pero se dio cuenta de que Wikelman encontrándose en esa situación lo único que querría sería salir corriendo de aquella casa. Con sumo cuidado y aterrorizada la niña se acerco al hombre, desató todas las cuerdas que rodeaban su esquelético cuerpo.
Ni un segundo tardo Winckelmann en salir corriendo de aquella sala cayendo desplomado al suelo justo al cruzar la puerta. La niña extrañada se acerco y tras oscuridad del pasillo emergió una figura, era la vieja, que sostenía un cuchillo en la mano con el que había apuñalado a su marido.
La niña corrió y corrió escaleras arriba huyendo de la vieja, subió las escaleras tan rápido como pudo y se dirigió a la puerta de la calle que se encontraba totalmente cerrada. Asustada y sin aliento la niña corrió hacia el segundo piso el cual era mucho mas tenebroso que el primero, pero en ese momento a ella no le importo, lo único que quería era salir viva de la casa.
Consiguió esconderse en uno de los armarios, y asomada a una rendija espero a que la vieja saliera de esa habitación, rápidamente salio del armario y bajo las escaleras todo lo rápido que pudo perseguida por la vieja, que la miraba con una expresión de locura. Faustina, la vieja, tropezó y callo rodando por las escaleras quedado desplomada al final de estas, la niña perpleja se acerco y en cuestión de segundo Faustina se levanto abalanzándose sobre la niña. En ese mismo momento apareció Macardio, el hijo drogadicto de la vieja, que cansado de sus arrebatos de locura le propino un golpe mortal en la nuca con una vara de hierro.
La niña paralizada por la magnitud de los hechos callo al suelo desplomada sin parar de llorar. Macardio que llevaba prácticamente toda su vida enganchado a la droga, se sintió culpable por la muerte de su madre y acercándose a una cómoda, la cual estaba justo al lado de la niña, abrió el primer cajón, saco una pistola y disparo sin mas dilación apuntando a su cabeza. La pistola cayo sobre la niña que apenas podía respirar del pánico y Marcadio se desplomo sobre el cadáver de su madre.
Tras unas horas la situación en la casa permanecía igual, la niña no pudo mover ni un músculo de su cuerpo y seguía en el suelo con la pistola sobre ella. De repente escuchó el ruido de la puerta abriéndose, era Jordan que volvía de sus rutinarias excursiones en moto. Este al ver el cuerpo de su madre y de su hermano se sorprendió pero no parecía afectado en absoluto, cuando se percato de la presencia de la niña su cara cambio radicalmente y se volvió fría y oscura. La niña aun paralizada por el miedo no pudo decir palabra y Jordan pensó que ella, inocente e inofensiva pero con un arma en su poder había matado a su familia y la cogió en peso, la colgó del techo con una soga que el padre había fabricado con los cabellos de aquellas jóvenes victimas y acabo despiadadamente con su vida.
Arrastro los cadáveres a la sala donde anteriormente se encontraba el padre secuestrado y sello la entrada al sótano. Él, mudo y libre de pecado a la vista de la gente siguió viviendo en la casa con una tranquilidad y una serenidad pasmosa. Con el paso del tiempo los cadáveres empezaron a descomponerse y a desprender un hedor nauseabundo que invadió el pueblo durante semanas.
Nadie vio aquella situación extraña ya que pensaron que aquel olor desagradable provenía de la basura acumulada por la vieja, a la cual nadie echo en falta, como tampoco a Wikelman ni a Macardio, en cambio la desaparición de la niña fue denunciada por sus padre que aun hoy mantienen la esperanza de encontrarla.

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